miércoles, 10 de agosto de 2016

Verdad verdadera

Y creó el hombre a Dios a su imagen,
a imagen del hombre lo creó;
varón lo creó.

martes, 9 de agosto de 2016

Aún no

Digna, puntual, caprichosa, intransigente.
No atendiste mi llamado,
ni quisiste tomarme de la mano cuando lo pedí.
Pudieron haber sido veinte pisos,
pero si no has de querer, no me llevas.
¿Qué tendría que haber hecho para conquistarte?
Te lo pedí,
di ese salto de fe,
sórdido recuerdo.
Me puse en tus manos,
buscando tu abrazo,
pero tu rechazo fue inflexible.
Aquí me tienes,
con más dudas que antes,
con el mismo deseo de buscarte,
escondido bajo la firme intención
de no volverlo a hacer.
No me queda otra opción que aceptarlo.
Esperar sin esperar,
el día que seas tú quien me llame,
quizá pronto,
o dentro de  muchos años.
Te miraré con serenidad,
te daré un abrazo
y caminaremos juntos por el puente.
Mientras tanto estaré atento y pendiente.
Hasta entonces, querida Muerte.

Failed epitaph

Como la gota de agua que cae
en el río a su suerte;
así la vida;
así la muerte.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Se espera tormenta

Cuando llueve, llueve todo lo que puede.
Desde una leve llovizna hasta un huracán.
Y no hay mucho que se pueda hacer:
Calles se inundan, puentes se caen, ramas se resquebrajan, se arruinan peinados, zapatos, bodas, partidos de fútbol, planes;
uno queda a la deriva, forzado a improvisar, y a veces de lo inesperado pueden surgir las cosas más lindas.
¿No es hermosa la lluvia?
Viene, hace y deshace,
libre, impetuosa y serena.
Podemos tener la certeza de su llegada, y sin embargo ignorar cómo vendrá, en qué momento aparecerá, y qué haremos al respecto.
Así vienes a mi vida justo ahora.
Te espero con gusto, pero mi estómago está vuelto loco.
El corazón aguarda como un diente de león que en cualquier momento se irá volando en mil partes.
Y la mente no deja de dar vueltas, de susurrarme cosas al oído.
Quisiera correr a abrazarte cuando te vea llegar, y en el calor de ese abrazo esfumarme como el rocío al sol, desaparecer para no verte, y que no me veas, y que no te estorbe y me extrañes y me quieras de vuelta y digas "¿dónde has estado todo este tiempo?".
Me urge entender este amor.
Saber cómo cuidarlo, regarlo, podarlo, y dejarlo solito; ver cómo crece, cómo cambia y se transforma.
Que al volver lo encuentre bonito y frondoso, con mucha flor y diga "¡qué lindo es! Así tal cual".
¿Qué debo hacer? Extravié el instructivo. Se que por ahí debe estar en la caja ésa donde guardo tus cartas y otras tantas cosas del pasado.
Todo se siente tan vivo e imponente, como mirar el mar profundo o un león sin jaula: la adrenalina, el miedo, el asombro y lo sublime.
Debo ser fuerte y valiente y todas esas cosas que hacen que uno no se vaya al hoyo, porque de ahí nadie te saca, y porque todos te ven hacia abajo, al fondo, y sienten lástima por ti.
Quiero que vengas y estés muy contenta, y cuando te vayas lo estés aún más, y te lleves una sonrisa tan grande y un corazón tan gordito que te obliguen a documentarlo en el aeropuerto.
Que seas tan libre que quieras venir una y mil veces más, y yo feliz de verte, y mi estómago un lago apacible, y mi corazón un árbol grande y verde, y mi mente un monasterio, en la cima de una montaña.

sábado, 12 de marzo de 2016

Memoria y apego

Pertenencia... ¿acaso existe?
En cualquiera de los dos sentidos:
pertenecer a un lugar
a una persona
a una ideología
a un lapso de tiempo.;

o que algo nos pertenezca
o alguien.

Es como un engaño hecho de tiempo.
Después de varios días, meses, años
comienza uno a sentir apego y pertenencia,
y poco a poco, algo que resultaba
por completo desconocido
se vuelve a tal grado familiar,
que pasa a ser un reconfortante rellano
en la escalera de lo incierto
y después de nadar un rato
en un mar de cosas ajenas
ansiamos volver a aquello que nos es familiar.

No cabe duda que la cualidad por excelencia
de cualquier ser humano,
la herramienta de familiaridad,
el arquitecto de su zona de confort,
es la costumbre.
Uno puede acostumbrarse
a casi cualquier cosa, persona o situación,
y comenzar a generar apego con facilidad
al grado de que algo que no figuraba
ni en un ápice de nuestra vida
puede volverse determinante

¿En qué preciso instante ocurrirá ese designio?
¿Qué cosa en nuestro interior queda marcada
por una voz
un rostro
un aroma entre un millón
haciendo que pese más que el millón?

A lo mejor es cuestión de memoria.
De estrategia biológica
evolutiva
instintiva
de una impronta sobre aquello
que nos representa seguridad
supervivencia
bienestar y gozo.

Pudiera ser también miedo
a lo desconocido
a los peligros
de los que no sabemos protegernos
a la soledad de no tener nada ni nadie.

Si es costumbre lo que nos hace generar apego
encauzado por una buena primera impresión
quizá si eliminamos los filtros
de esa percepción inicial
podamos generar apego
hacia cualquier cosa o persona.
Hay veces en que incluso
es negativa esa impresión
como un niño
que es constantemente maltratado
y que , sin embargo,
prefiere estar con eso "malo conocido"
que con algo o alguien desconocido.

Quizá con suficiente consciencia de soledad
de desapego
de austeridad
se pueda dar ese sentimiento positivo
en cada nueva persona
sin que en su ausencia nos estorbe el ausente
ni nos agobie la fata de aquello que no tenemos.
Comprender que
en esencia
todo estaba igual de completo y correcto
antes de que ese algo o alguien apareciera
antes de que nosotros apareciéramos siquiera.

La memoria es útil.
Es herramienta del aprendizaje
y muchas veces fuente del gozo reciclado
pero así como puede hacernos disfrutar de nuevo lo bueno
nos puede hacer sufrir de nuevo lo malo
y condicionarnos de ese modo
a clasificar lo nuevo
en referencia al recuerdo de lo conocido.

viernes, 11 de marzo de 2016

Canción del agua

El agua es en realidad tan muda.
Solamente habla a través de su movimiento.

Sin embargo, hay veces en que su canto no cesa
desde la percusión de la gota
en su confluencia con el todo
hasta la eterna cantata del río
y el estruendo catastrófico de la cascada.

Y están, por supuesto aquellas aguas quietas:
Verdosos estanques
llenos de vida sumergida.
Espejos inmutables,
interminables horizontes donde,
lejos del quedísimo adagio
de su oleaje constante,
parece perecer el sonido.

Solo a veces
en días estivos y de tormenta,
irrumpe la calma muda
aquella otra calma,
la audible cadencia de la lluvia,
y su rumor tan melancólico.

jueves, 10 de marzo de 2016

Silencio

Hay veces en que olvido mi preciado silencio
y en umbral de mi voz se agolpan
"sin-motivos" por salir.

Veces en que me desanima
no tener una canción para cantar.

Otras veces logro
ahuyentar de mi mente
el ruido de la razón;
entonces,
llega a mis oídos un susurro leve,
la música más hermosa,
la del mundo real,
esa canción que cantan
las cosas al no moverse
y los seres al ser.